Renuevo soy y flor
de tronco añoso,
y, rico en
experiencias, como el viento,
abrazo continentes
y me siento,
de universales
aires religioso.
De Aurelio sigo el
rayo luminoso;
de su palabra nutro
el pensamiento,
de amor de Cristo
inflamo el sentimiento
que al hombre luego
imparto generoso.
La caridad y
ciencia son mi escudo;
la Iglesia, mi
pasión y afán sincero;
de orgullo tengo
espíritu desnudo.
Alegre en el vivir
con ser austero,
debelador tenaz del
odio crudo,
de la paz soy
testigo y mensajero:
Que amar es mi
tarea, mi sustento,
como de Dios
presencia, voz y aliento.
(curso 81-82)
Siete capullos,
abren
sus hojas tiernas;
siete murmullos
suaves
sus voces templan.
Siete palomas
vuelan
en torno al nido.
Flores y aromas
prueban
que den sentido.
Siete canciones
vencen
la voz del mundo.
Siete plantones
crecen
seguro el rumbo.
Todas hambrientas
buscan
el Pan que salva.
Todas sedientas
gustan
de tu Palabra.
Ellas gozosas beben
de fuentes claras
y enamoradas
consagradas
tienen en Cristo
todas su corazón
Preciosas flores
de tallo frágil.
Robustos hombres
de quiebro fácil.
Refuerza el tallo,
que sean robles
y no haya fallos
en sus labores.
Nunca, por sola que
estés,
dejara tu amor de
ser
una flor:
un color,
un olor,
una forma,
que en paraíso
transforma
la mas extrema
aridez.
Se, mi estimada
Belén,
en tu perfume una
rosa,
en tu volar
mariposa
y en tus hablares
la miel:
-un sabor
a sonrisa-
sé la brisa
del Señor
en su escogido
vergel.
Abre tus ojos en fe
y en Cristo veras
tu rostro,
y con el tuyo el de
otros
que forman cuerpo
con él
-el misterio
de la Iglesia
en el seno
de la inmensa
sacrosanta
Trinidad-
y deja latir tu
entraña
con las que son tus
hermanas
en servicio al
mismo Rey.
Tus palabras
y tus manos,
cuanto tienes
o tuvieres
-oro, plata,
bronce o barro-
dalo todo en buena
ley.
Que el Señor a
quien te entregas
da en laurel la
vida eterna
y aquí da por uno
cien.
Y haz de la Virgen
María
-en el dolor y
alegría,
en la muerte y en
la vida-
tu maternal
compañía
en el recuerdo más
fiel.
A tu altar, Señor,
me acerco
y en desnudez te
presento
rendida mi
voluntad.
Y aunque yo te
pertenezco
a ti yo misma me
ofrezco
con entera
libertad.
Con decisión, sin
reservas,
para que tú lo que
quieras
hagas según tu
bondad.
Desprendida en la
pobreza,
disponible en la
obediencia,
encendida en
castidad.
Para que halle mi
existencia
consumida en tu
presencia
la perfecta
caridad.
El amor que tú me
tienes
en mis entrañas se
enciende
para que vivo yo en
él.
Y vivir quiero
contigo
el amor en mí
encendido
como a Esposo
esposa fiel.
Y buscar siempre en
tus labios,
como buscan los
criados,
lo que tú quieras
hacer.
Y como es tu amor
tan grande
y en el mío el tuyo
arde
me desborda a mí
también.
Pues contigo
“Eucaristía”
tu calor en mí se
amplia
y se alarga a todo
ser.
Al que llora y
desespera
al que en la dicha
se alegra
al que anhela tu
saber.
A los ricos y a los
pobres,
a los humildes y
nobles
al que de ti tiene
sed.
Es tu fuerza,
fuerza mía,
tuya mi sabiduría,
mío también tu
querer.
En el agua que te
llevo
dame que sea, te
ruego,
transparencia y
claridad
En el Vino del
Viñedo
que trajiste tú del
cielo
dame ser de tu
bondad.
Y en el trigo de
los cerros
que moliste, Molinero,
dame ser contigo
“pan”.
Pan sabroso, vino
dulce,
agua clara que
trasluce
tu presencia y
santidad.
He aquí que soy tu
esclava:
cúmplase en mí tu
palabra
y hablen mis obras
de ti.
Soy tu hija
predilecta
a cumplir estoy
dispuesta
cuanto desees de
mí.
Que mis ojos queden
fijos
en los tuyos,
Jesucristo,
y se impregnen de
tu luz.
Y mis manos en las
tuyas,
para que encuentren
ayuda
cuando me abrace a
tu Cruz.
Que no haya temor
ni peligro
si con amor tan
divino
conmigo caminas tú.
Con un sólo
pensamiento,
con un sólo
sentimiento,
mío y tuyo, Buen
Jesús.
Oigo tu voz en la
Regla
y la mía a ti se
eleva
en incesante
oración.
Con el velo en la
cabeza
y la túnica de
fiesta
signo de
consagración.
Compartir con las
hermanas
en familia
consagrada
mi total dedicación.
Guarde en ti yo mis
promesas
y con la fe de la
Iglesia
viva siempre en
comunión.
Bendice, Señor la
ofenda
que en caridad hoy
tu sierva
te presenta ante el
altar.
Y al emprender esta
vida,
ruégote Virgen
María
que interpongas tu
favor.
Con tu asistencia
bendita,
cuando llore y
cuando ría,
llévame hasta el
Señor.
Y vosotras,
compañeras
en realizasteis la
entrega
y vivís vida común.
Ayudadme como
hermanas,
cuando en mis
hombros la carga
se presente
superior.
Y a vosotros, los
testigos
de mi entrega y
compromiso
a vivir sumida en
Dios.
De corazón os
suplico
que elevéis a Dios
el grito
y me dé su
bendición.
Dad firme el paso
al frente, sin recelo,
y no miréis atrás
en vuestra historia,
si no es para
gustar, en la memoria,
el don de amor que
en gracia os hizo el cielo.
Pues, ¿no buscáis
crecer en santo celo
y así alcanzar en
Dios la eterna gloria?
¡romped con vuestro
“yo” - podrida noria
y, sin dudar, a
Cristo alzad el vuelo!
Él es la Luz que
ahuyenta toda sombra,
Voz que en canto
muda los temores,
Beso de Dios que os
urge con dulzura
a que enjuguéis el
rostro del que llora,
la manos alarguéis
a los mas pobres
y las llagas curéis
del que supura.
Pues sois en Cristo
Iglesia salvadora
y en la Iglesia sus
manos creadoras,
¡y no podéis hollar
vuestra riqueza
con un traspiés de
insulsa ligereza!
Pongo ante ti,
Señor, mis brazos pobres
y el trémulo zigzag
de mis andadas,
mi débil corazón,
de afectos dobles
y los fantoches de
mi mente vana.
Mas se que Tu haces
dulce el mar salobre
y a la existencia
llamas lo que es nada,
dibujas en la lepra
un rostro noble
y el agua en vino
cambia tu palabra.
Toca mis manos y
hazlas creadoras
y de mis labios
llueve bendiciones,
haz de mis pasos
siembra de tus dones
y de mis ojos luz
de eterna aurora;
consuman mis
entrañas tus amores
y quede yo de ti
transida toda
Que bien sé yo,
Señor, que no soy nada
mas todo lo seré si
Tu me llamas
Pongo a tus pies,
Señor, mis decisiones,
y los afectos todos
de mi entraña,
para que llenes Tu
de bendiciones
la flor que nace
ahora en la mañana.
Toma también
contigo mis acciones
y con ellas dibuja
en filigranas
la forma de tu ser
y tus facciones
en este barro huido
de la nada.
Tuya deseo ser,
como Tú mío,
en fuerza del amor
que me profesas;
y unida a ti y
desnuda de atavíos
quiero volar,
camino de la entrega,
tras tus pasos, los
ojos siempre fijos
en tu cruz, corazón
de mi carrera.
Pues, ¿qué soy yo
sin ti, Amigo Bueno,
sino vacío y hambre
sin remedio?
Toma, Señor mi
cuerpo en su medida
y el laborioso afán
por mantenerlo
-pecado soy y
gracia- como templo
donde amoroso me
unges de tu vida.
Y el alma toda toma
con sus fibras
- memoria, voluntad
y entendimiento
para que sea tu
querer y aliento
el mío personal en
llama viva.
Haz, Señor, que mis
ojos sean tuyos
y mi andada tu paso
mas ligero,
mi corazón el horno
de tu fuego
y mi voz la canción
del Buen Anuncio.
No me dejas caer en
el orgullo
y creerme señor de
mis progresos.
Pues de verdad se
quiebra mi persona
si no eres Tu mi
luz, mi ley y forma.
Dame, Señor,
servirte con esmero,
y con fidelidad
vivir cual hijo;
mantén sobre mi
andar tu ojos fijos
para que nunca deje
tus senderos.
Y, ya que por mi
solo bien te elijo
y, por tu gracia,
poseerte espero,
concédeme gustar de
tus consuelos
y en ti, cuando me
apene, hallar cobijo.
Buscaré en tu
palabra los favores
con los que ahora
en prenda te regalas
y andaré -sobre
espinas entre flores-
haciendo de tu cruz
mis propias galas.
Que sólo en ti, clavado
por amores,
encuentra mi vivir
sentido y alas.
Te hiciste para mí
ardiente Esposo
y esposa quiero ser
en cruz y en gozo.
Que yo en tus ojos
me vea
como, Señor, Tú me
ves;
y que su brillo me
encienda
para irradiarte a
mi vez.
Que sea tuya mi
BOCA
y mía toda tu sed;
que a tus palabras
mis obras
den testimonio de
fe.
Abre a tu voz mis
OIDOS
y hazme discípula
fiel;
sé Tú, Señor, mi
sentido
mi corazón y mi
ley.
Sean tus GUSTOS los
míos,
mío también tu
placer;
dame que sea Tú
mismo
desde la entraña a
la piel.
Que cuanto palpen
mis MANOS
y sueltos corran
mis pies
sean cosecha y
sembrado
a tu servicio de
Rey.
Sea mi VIDA,
Señora,
lo que tú fuiste
con él:
rosa encendida en
aroma
y en el verdor un
laurel.
Vísteme, Madre, de
aurora
que voy de nuevo a
nacer
y si la cruz llueve
sombras,
dame tu luz de
Belén
despacio y buena
letra, que el señor está a tu diestra
Anda Dios entre
cazuelas,
el Señor entre las
ollas;
contigo está cuando
friegas,
contigo al tomar la
escoba;
contigo por la
escalera
y cuando modesta
remiendas,
cuando solícita
bordas;
cuando ríes, cuando
juegas,
cuando gimes,
cuando lloras.
Cuando cuidados te
quiebran,
cuando tormentas te
asolan,
cuando alegrías te
elevan
cuando las penas te
doblan,
cuando los fríos te
hielan,
y los fervores te
toman...
Siempre contigo a
tu vera
pasa despierto las
horas:
paga con dádiva
eterna
tus más diminutas
obras.
¡Vela con Cristo
que vela!
¡Piensa que no
vives sola!
¡Vive contenta y
alerta:
que vas camino de
bodas.
Para que las Novicias y Postulantes den testimonio al
salir del Noviciado…
Caldea, Señor, mi
alma,
para que en ascua
encendida,
al Soplo que Tú me
inspiras,
prorrumpa voraz en
llamas.
Que yo sin Ti no
diría
ni tan sólo una
palabra,
y el corazón
moriría
de no agitar Tú mi
entraña.
Hablaré, si en mí
Tú hablas,
cantaré, si en mí
Tú vibras:
seré tu voz pura y
clara,
si en mi floreces
tu vida.
Caldea, Señor, mi
alma
y tenla en tu amor
fundida.
¡El corazón arda en
llamas,
al respirar yo tu
Brisa!
Ruega por mí tú,
María,
Reina y Señora del
Alba,
en tu asistencia
continua
anuncie yo la
Palabra.
Amén