Niña de ojos
verdes,
de rubio cabello,
que en amplias crenchas
sobre las blandas
sienes
hundes, gentil,
madejas
que al viento
enamorado y suspenso dejan.
Es la luz de tus
ojos
del cielo fiel
reflejo, clara frente
de amor sincero,
rojos
tus labios y tu
frente
fulgor de inocencia
trasparente.
Dios en tu rostro
brilla,
como el sol al
nacer, en la penumbra,
suave su luz
rutila,
tu figura alumbra,
en tu robor su
“misterio” se vislumbra.
Estás ahí, y vienes
a que mi mano alce temblorosa
el agua que
contiene
la virtud poderosa
de trocar el
capullo en flor hermosa.
Agua que de insana
tu cuerpo santo en
el Jordán lejano
santa un tiempo
tornara,
que ahora por mif
mano
del bárbaro hacen
sagrado hermano.
Niña de bellos
rizos,
de Dios suspiro,
del cielo canto:
yo, siervo, te
bautizo
en el Nombre de lo
Alto:
Padre, Hijo y
Espíritu Santo.
Dios, Señor de la
tierra,
de los Cielos
Creador y Padre Bueno
siempre contigo
sea,
el Espíritu Eterno,
y el Verbo Hijo que
habita en su seno.
Del Cielo,
ciudadano,
de la Iglesia seas
viviente miembro,
de todo ser,
hermano;
poseedor del Reino
goces un día de
alegría lleno.
despertar
Sonó la campana;
los claustros
saltones
despiertan mi alma.
Jilgueros,
gorriones,
en patio de flores,
alumbran el alba.
Bendita mañana
que brindas amores
en taza de plata.
Devuelva en perfume
el día que sube,
al fin, la jornada.
Altar macizo
de dura piedra.
Cuatro candelas,
mantel de lino.
Jarrón de
hortensias.
El pan y el vino,
claveles, lirios
y tres palmeras.
Hoy es domingo:
La Iglesia llena;
los fieles rezan
en recogido.
¡Quién a tu vera
poner un nicho
y estar contigo
feliz pudiera
la vida entera!
Mas sé, bendito,
que en todo sitio
Tú te revelas:
al que es anciano,
también al niño.
Amas al sano
y al desvalido.
A todos amo,
por todos miro:
por el hermano
y el enemigo
Hoy es domingo:
la Iglesia llena,
los fieles rezan
¡Por todos pido!
“danos, señor,
sacerdotes santos”
(Una niña…)
Dices, Señor:
“Yo soy la Fuente
del Agua Viva
y quien me bebe
tendrá la Vida”.
Yo soy la cierva
- tu cervatilla -
que, de sedienta;
desfallecida,
viene a beberla
junto a tu altar.
(Un niño…)
Dices, Señor:
“Yo soy el Pan
de trigo bueno,
el alimento
mejor que hay”.
Yo, tan hambriento,
- soy un mendigo
muerto de frío -
a ti me acerco
y el Pan que
ofreces
en tu banquete
vengo a gustar.
(Un niño…)
Dices, Señor:
“Soy la Verdad
y con cariño
pongo yo alivio
a todo mal!.
Yo estoy enfermo,
- ¡y soy tu amigo!
-
sana mi cuerpo
tan dolorido,
que del camino
cansado está.
(Una niña…)
Dices, Señor:
“Yo soy Consuelo
del afligido,
perdón sincero
del que ha pecado:
Yo soy la Paz”.
Sobre los hombros
llevo una carga
- ¡y soy tu
hermana! -
limpia del todo
con tu palabra
la fibra amarga
del corazón.
(Un niño y una
niña… )
Dices,
Señor.
“Yo
soy la Gracia
y
el Amor mismo
que
guarda unidos
en
alianza
a
los que se aman
en
la verdad”.
Nosotros
somos
tu
gran Familia
-
¡tus hijos, todos! - :
Da
a los hogares,
con
nuevas vidas,
tu
amor de Padre…
¡que
ellos guarden
tu
amor y Paz!
Mas,
¿cómo puede,
Señor,
mi alma
beber
el Agua
que
Tú me das?
¿Comer
tu Cuerpo
-
¡a ti en misterio! -
como
Manjar.
¿Y
del pecado
salir
curado
con
tu Perdón?
¿Y
en gran Familia
con
alegría
gustar
tu Amor?
Si
no hay ya hombres
que
por tu nombre
nos
den tu Don?
Da
sacerdotes
que,
como medios
por
ti dispuestos,
den
a tu pueblo
la
Salvación.
Estás
ahí, oculto, mas glorioso,
de
los sentidos todos tan lejano,
en
Pan y Vino al alma tan cercano,
a
darnos luz y vida generoso.
Presencia
Santa y Pacto poderoso
eres
del Hombre y Dios en nuestras manos,
Palabra-carne,
amor sobre-humano,
que
por amor escuchas silencioso.
Tu
Muerte en Cruz señalas redentora
y
tu Resurrección, feliz Noticia,
anuncias
para el mundo salvadora;
Destruyes
el pecado y su malicia
e
infundes la confianza creadora
de
levantar tu Reino en la Justicia.
Danos,
Señor, amarnos en servicio,
Tú,
que de amores, eres el principio.
Sean
las niñas de vuestros ojos
rusiente
espejo de un don en llamas,
donde
al miraros el uno al otro
funda
en una vuestras dos almas.
Así
la pena se torna en. gozo
y
en peso leve la dura carga;
la
dicha es doble tras los enojos
y
tras las iras ¡qué noble calma!
Pues
todo es «mío» y «tuyo» todo…
¡hasta
el latido de las entrañas!
donde
la «esposa» con el «esposo»
en
«padre» y «madre» se abren y ensanchan.
Poned
en Cristo, con vuestros logros,
desavenencias,
quiebros y faltas
serán
entonces ¡vuestros! sus hombros
y
suyas vuestras debilidades.
Que
Dios bendiga vuestros amores
y
guarde rectas vuestras andadas,
y
que en el seno, con vuestros hijos,
-plantel
glorioso de bellas flores-
halléis
un día, como testigos
de
sus bondades, feliz morada. Amén
Una
cruz, de madera, desgastada;
un
empleado, gris, a la cabeza;
cuatro
detrás arrastran con destreza
el
féretro a la fosa ya cavada.
Dos
viejecitas, solas, encorvadas,
silenciosas,
sollozan, gimen, rezan:
una
desde el Berlín de la vergüenza,
por
piedad de la otra acompañada.
Así
la comitiva funeraria
alcanza,
renqueando, su destino.
Pobre
vivió la anciana, solitaria;
mas
no está abandonada en el camino:
quien
se hizo de tu muerte solidaria
y
tomó de tu altar el Pan y el Vino,
contigo
va, Señor, asegurada
de
recibir la Luz de eterno brillo.